Escrito por Carlos Ernesto Chaviano
Miércoles, 07 de Abril de 2010 14:47
Como pocas veces antes es válida la frase. Todavía resuenan, y resonarán, los ecos de la 49 Serie Nacional de Béisbol, esa ganada espectacularmente por unos Industriales que ratificaron el linaje de los campeones y el peso de la tradición, a pesar de no contar con el favoritismo de muchos y de haber llegado a la fiesta como invitado de último momento.
Cuando todo parecía indicar que la pasión por nuestro deporte nacional decaería, principalmente debido a los tropiezos de la selección cubana en los más recientes eventos del máximo nivel mundial, apareció un certamen idóneo para revivir las emociones de la afición, y hasta los menos duchos en la materia se vieron obligados en algún momento a dedicarle al menos un tiempo al que demostró, otra vez, ser el espectáculo (y nótese que no escribimos deportivo) más importante del país.
A todo lo largo y ancho de nuestro verde caimán se encendió la perenne chispa de la pelota, y no de manera subjetiva, pues si bien en los últimos años se conocían de antemano a los clasificados (salvo alguna que otra rara excepción), ahora la lucha cobro matices históricos, y gran parte de los 16 conjuntos batalló por los boletos clasificatorios hacia la postemporada.
Aplausos para la Zona Oriental, cuyos representantes rindieron una actuación de lujo, y hasta el final casi todos mantuvieron opciones de alcanzar boletos. Hasta Camaguey, con un inicio digno del olvido, protagonizó un tercio final de ensueño y martirizó a otros con mejores guarismos, para redondear el feliz desempeño del conjunto en esa área geográfica.
Recordemos que, ya concluido el calendario regular, fue necesario efectuar varios partidos suspendidos para completar el privilegiado grupo, mientras otros lograron su papeleta precisamente en la última semana de competencia.
Varios territorios, no considerados entre los “históricos”, se vieron estremecidos por el despertar o renacer de sus planteles. Ahí están los Indios del Guaso o los Elefantes de Cienfuegos para atestiguar la anterior afirmación. Y hasta los Cachorros holguineros, que al final tuvieron el boleto en el bolsillo pero no pudieron concretar la proeza, o los Leñadores de Las Tunas, a los cuales Santiago de Cuba “dejó en el mismísimo andén”.
Sobre Cienfuegos hemos escrito bastante en esta página, pero otra vez aprovechamos para reconocer a Iday Abreu y sus discípulos, capaces de devolver la confianza a sus seguidores y de granjearse el respeto entre todos sus rivales, los cuales a partir de ahora lo pensarán dos veces antes de ir en busca de “mangos bajitos”.
En materia de revisiones hay que reconocer que el bateo volvió a estar muy por encima de los lanzadores, con doce equipos promediando por encima de 290 de average, 10 de ellos con 300 o más. Un enorme total de mil 498 Mizunos 150 se fueron más allá de los límites, además de 2 mil 409 dobletes y 277 triples, para engrosar la friolera de 14 mil 562 indiscutibles.
Ello atentó contra la labor de los serpentineros, cuyo promedio general de 5.09 carreras limpias por cada nueve entradas está distante del primer nivel, así como el 297 compilado por sus rivales desde el cajón de bateo. A nadie asombra que el reverso de la medalla en este apartado fuera La Habana, selección con el mejor staff del país. Los Vaqueros concluyeron con 3.92, mientras naranjas y vueltabajeros los escoltaban con 4.02 y 4.08, respectivamente.
La defensa tampoco fue nada del otro mundo, con 974 y promedio de más de dos errores cometidos en cada desafío.
Lógico se hace el párrafo a los Leones de la capital. Por segundo año consecutivo bajo el mando de Germán Mesa, los Industriales tiñeron de azul el cielo no sólo de la capital, pues hasta sus miles de detractores (¿lo serán en realidad?) reconocieron la entrega, combatividad y coraje durante la postemporada. Nunca los vaticinios les fueron favorables, pero a ello hicieron caso omiso y, uno tras otro, dejaron en el camino al equipo más ganador del certamen, al monarca nacional y al más estable durante todo el certamen. Jóvenes y experimentados juntaron sus esfuerzos para protagonizar la hombrada y concretar lo que parecía imposible.
Del resto, impresionante el apoyo de la afición, el entusiasmo de todo un pueblo, las mil y una iniciativas de fanáticos, organismos, territorios enteros, volcados a una fiesta que en Cuba, sin dudas, no tiene comparación. Aquí también es válida la frase como pocas veces antes: ganó el béisbol, ganó el país, ganó la gente, ganamos todos.
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